2 hadiths
Narró Aisha -Al-lah esté complacido con ella-: “¿Acaso no quieren que los hable del Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y de mí?” Dijimos: “sí”. Dijo: “En la noche que le tocaba al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- cohabitar conmigo, él se giró y dejó su manto, se descalzó y dejó sus sandalias en lugar donde pone sus pies. Luego, extendió el extremo de su izar (tela con la que cubría el tronco inferior del cuerpo) y se recostó. Permaneció recostado solamente el tiempo justo en que creía que yo ya estaba dormida. Así que tomó poco a poco su manto, se calzó las sandalias, abrió la puerta, salió y la cerró muy despacio. Yo tomé mi túnica, me cubrí la cabeza y las partes del cuerpo, utilicé mi izar para camuflarme y salí a su paso. Le seguí hasta llegó a Al-Baqi (el cementerio de Median donde moran los compañeros del Mensajero). Al llegar se detuvo y estuvo un tiempo largo detenido en pie. Luego levantó las manos tres veces y giró para volver. Yo me giré para volver igualmente. Él apresuró el paso y yo me apresuré también; corrió a trote ligero y yo hice lo mismo; comenzó a correr a pasos largos y así hice yo hasta adelantarme a él y entré en la casa antes que él lo hiciera. Nada más recostarme entró él. Me dijo: “¿Qué te sucede, Aisha, que tiene la respiración acelerada?” Dije: “No me sucede nada”. Dijo él: “¿Me lo vas a decir o me lo dice El Afectuoso y El que todo lo sabe (Al-lah)?” Dije: “Mensajero de Al-lah, eres para mí como un padre y una madre” y se lo dije. Me dijo: “¿Acaso eras tú esa sombra negra que he visto delante de mí?” Dije: “Sí”. Él me propinó un golpe en el pecho que me dolió. Luego dijo: “¿Crees que Al-lah y su Mensajero van a ser injustos contigo?” Ella dijo: “¿Todo cuanto oculte la gente Al-lah lo sabe? Efectivamente”. Él dijo: “Vino a verme el Ángel Gabriel en el momento que viste y me llamó, pero por respeto a ti no entró en el hogar, puesto que no podría entrar en ese lugar habiéndote tú despojado de tu ropa. Yo pensé que ya estabas dormida y no quise levantarte, temiendo que sientas miedo de estar sola en la oscuridad. Gabriel me dijo: ‘Tu Señor te ordena acudir al cementerio del Baqi’ y pedir perdón por los que ahí moran’”. Dijo ella: “¿Qué les puede decir, Mensajero de Al-lah?” Él le dijo: “Di: ‘la paz sea con los que habitan esta morada de entre los creyentes y musulmanes. Oh Al-ah, colma con tu misericordia los que hayan perecido y los que aún están por morir. Si Al-lah quiere, seguiremos sus pasos”.Registrado por Muslim