TopicLa jurisprudencia islámica y sus fundamentos
288 hadiths
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Narró Aisha -Al-lah esté complacido con ella-: “¿Acaso no quieren que los hable del Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- y de mí?” Dijimos: “sí”. Dijo: “En la noche que le tocaba al Mensajero de Al-lah -la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él- cohabitar conmigo, él se giró y dejó su manto, se descalzó y dejó sus sandalias en lugar donde pone sus pies. Luego, extendió el extremo de su izar (tela con la que cubría el tronco inferior del cuerpo) y se recostó. Permaneció recostado solamente el tiempo justo en que creía que yo ya estaba dormida. Así que tomó poco a poco su manto, se calzó las sandalias, abrió la puerta, salió y la cerró muy despacio. Yo tomé mi túnica, me cubrí la cabeza y las partes del cuerpo, utilicé mi izar para camuflarme y salí a su paso. Le seguí hasta llegó a Al-Baqi (el cementerio de Median donde moran los compañeros del Mensajero). Al llegar se detuvo y estuvo un tiempo largo detenido en pie. Luego levantó las manos tres veces y giró para volver. Yo me giré para volver igualmente. Él apresuró el paso y yo me apresuré también; corrió a trote ligero y yo hice lo mismo; comenzó a correr a pasos largos y así hice yo hasta adelantarme a él y entré en la casa antes que él lo hiciera. Nada más recostarme entró él. Me dijo: “¿Qué te sucede, Aisha, que tiene la respiración acelerada?” Dije: “No me sucede nada”. Dijo él: “¿Me lo vas a decir o me lo dice El Afectuoso y El que todo lo sabe (Al-lah)?” Dije: “Mensajero de Al-lah, eres para mí como un padre y una madre” y se lo dije. Me dijo: “¿Acaso eras tú esa sombra negra que he visto delante de mí?” Dije: “Sí”. Él me propinó un golpe en el pecho que me dolió. Luego dijo: “¿Crees que Al-lah y su Mensajero van a ser injustos contigo?” Ella dijo: “¿Todo cuanto oculte la gente Al-lah lo sabe? Efectivamente”. Él dijo: “Vino a verme el Ángel Gabriel en el momento que viste y me llamó, pero por respeto a ti no entró en el hogar, puesto que no podría entrar en ese lugar habiéndote tú despojado de tu ropa. Yo pensé que ya estabas dormida y no quise levantarte, temiendo que sientas miedo de estar sola en la oscuridad. Gabriel me dijo: ‘Tu Señor te ordena acudir al cementerio del Baqi’ y pedir perdón por los que ahí moran’”. Dijo ella: “¿Qué les puede decir, Mensajero de Al-lah?” Él le dijo: “Di: ‘la paz sea con los que habitan esta morada de entre los creyentes y musulmanes. Oh Al-ah, colma con tu misericordia los que hayan perecido y los que aún están por morir. Si Al-lah quiere, seguiremos sus pasos”.Registrado por Muslim
Al-Hakam dijo: Llegó un hombre (mencionó su nombre) a Kufa en la época de Ibn Al-Ash’az, y le ordenó Abû ‘Ubaida Ibn ‘Abdu Al-lah, a que dirigiese la oración. Cuando ese hombre rezaba, al levantar su cabeza del ruku’ (inclinación) permanecía el tiempo en el que se podía decir ese du’a: ‘Oh Al-lah, nuestro Señor, para Ti son las gracias y las alabazas, tanta como para que llene los cielos, la tierra, cuanto se halle entre ellos y cuanto llene la distancia que Tú desees. Tú eres Merecedor de todo elogio y alabanza. Nadie puede negar lo que Tú provees, así como nadie puede dar si Tú lo impides y no hay bondad que pueda beneficiar, porque tuya es la bondad’. Luego Al-Hakam, narró todo lo que sucedió a ‘Abdu Ar-Rahman Ibn Abû Lila, y este le dijo: ‘Oí Al-Bara Ibn ‘Azib decir: ‘El rezo del Mensajero de Al-lah, que la paz y las bendiciones de Al-lah sean con él, entre su ruku’ (inclinación), cuando levantaba su cabeza de su ruku’, si hacía el suyud (prosternación), y el tiempo entre las dos prosternaciones, tenía una duración muy similar’. Dijo Shu’ba conté eso a ‘Umru Ibn Mura, y dijo: Vi a Ibn Abû Lila, y su forma de rezar no era así.Registrado por Muslim